
Allí estaban, con música a bajo volumen, en ese taxi. Cansados del dia… esperando llegar a casa. El senatdo a su costado, viendo atentamente las calles, esas calles plagadas de luces amarillas y pistas pintadas de negro como esta noche, memorizando avenidas, pensando en ese camino al que podría acostumbrarse… De ves en cuando tratando de observarte inconcientemente a través de ese espejo retrovisor viejo, que muy vagamente le regala un poco de la felicidad de tu figura, pensando en nuevas excusas para volver a acompañarte. Tu mientras tanto, con tu silencio tan particular, mirando con insistencia la hora en tu teléfono, porque estas tarde… un poco tarde, deseando llegar pronto a casa. Hablándole de lo tarde que estas, explicándole de lo peligrosas que pueden ser aquellas calles.
Entonces la despedida. Le hubiese gustado acompañarte hasta el unbral de tu puerta, pero hay cosas que son solo cuestion de tiempo. Por un momento la luz de uno de los postes se reflejo en tu rostro. El penso en el brillo que le devolvian tus ojos, el triangulo que formaba tus ojos con tu nariz. Penso en tu boca y que le gustaria besarla. Duró unos segundos nada más, segundos que penso conveniente guardar. Luego un beso, un -cuídate- y un –te llamo- nada más. Se marcho, lleguo a casa, recordo cada detalle del viaje y te empezo a escribir.
Tranquilo sin necesidad de esconderse. Porque todo le resulta sencillamente agradable…





