Aun la recuerdo agitando el encendedor para encender el cigarrillo. Cruzo los brazos, inhalo y cuatro segundos después, humo flotaba por todos lados.
Nos sentábamos juntos durante algunas horas y conversábamos o más bien ella hablaba de muchas cosas (mientras repetía la ecuación del cigarrillo una y otra vez). Todos sus sueños, eran historias de hadas y príncipes que no llegaban y cuando ella dibujaba alguna expresión de tristeza, inmediatamente, yo atinaba a lanzar un humor improvisado, algo sarcástico, rogando arrancarle una sonrisa, mientras le soltaba la coleta y le alborotaba un poco el pelo. Ella reía y olvidaba las cosas malas. Creo que para mi suerte en eso me convertí en todo un experto, en hacerla olvidar las cosas malas, en hacerla reír a destiempo. Me gusta pensar que fue así.
Yo me quedaba sin importar cuanto tiempo pudiera pasar, porque todo eso era ella, se reducía a ella. Mientras
A pesar que llevo algunos años sin verla, aun la recuerdo agitando el encendedor para encender el cigarrillo, aun recuerdo su expresión de tristeza y alegría, aun sigue emitiendo humos de vida.


